Sanar a las que ya no están

| Por Lucía Ríos @soylurri y Paula Rojo @rojopaula1 | Foto: Matria y Luciana Demichelis @demichelislu |

Quizás cuatro o cinco generaciones de feministas son las que van atravesando la historia de los Encuentros. ¿Cómo viven esta jornada la generación de las abuelas? ¿Qué piensan del cambio de nombre? Las pibas van a la vanguardia, las antecesoras marcaron el camino. ¿Qué las une? ¿Qué las distancia? Intercambios a 34 años de la gesta feminista más grande del mundo. 

“Entre mis amigas jugamos a la mancha siempre. No nos juntamos con los varones porque son re mandones. Nos dicen que salgamos del salón, pero ellos se quedan y nadie les dice nada”. Juliana tiene 10 años y es la primera vez que llega a un Encuentro Plurinacional. “Yo también quiero entrar al salón”, dice desafiante. Su mamá, Mariela, la mira orgullosa y se ríe. Ella es docente en la localidad bonaerense de Moreno, la ciudad donde una explosión mató a Sandra y Rubén. Mariela mira para abajo: “Es un territorio difícil para la docencia”. Es la primera vez que ambas llegan a un Encuentro y mientras deciden a qué taller van, “algo vinculado con educación”, se despiden y van caminando bajo la lluvia, juntas y emocionadas.

La imagen se repetía como un loop: a raíz de las lluvias fuertes y peligrosas de la noche del viernes, los techos de las calles platenses fueron invadidos por pilotos rosas, amarillos y verdes. Eran las pibas que se refugiaban unos minutos. Iban de a cuatro, de a dos o de a quince, charlando y planificando su próximo punto mientras se secaban el agua de la cara o se acariciaban unas a otras para darse fuerza y seguir.

“Sabemos que acá está todo bien – asegura Luz-, nos sentimos seguras y eso es una locura: estar tranquilas sabiendo que podemos vivir todo esto sin tener que estar pensando por donde caminamos”. Quienes impulsaron fuertemente la postura del Plurinacional fueron las indígenas y las diversidades: lesbianas, bisexuales, travestis, trans, intersex y no binaries. En ese contexto, Agustina, de 22 años, relata que “si se llama Encuentro Nacional de Mujeres, no me incluye”. “Yo soy lesbiana”, enfatiza.

En una de las calles que rodea la facultad de Exactas, Dora va del brazo de su hija. Llegaron tarde con el micro desde Mendoza y por eso les costó encontrar lugar en los talleres. Estaban repletos. “Fui con mi mamá al tercer encuentro que se hizo en Mendoza y éramos poquitas, me volví con ganas de participar pero no pude volver hasta hoy”, recuerda. Este año viajó desde su provincia con su hija y su nieta, y se acordó lo que hablaba con su mamá de vuelta en aquel Encuentro de 1988: “Charlábamos entre nosotras de cómo queríamos seguir participando, pero después la vida te va llevando por otros carriles y, aunque vos quieras estar, no podés por la crianza de los hijos o distintas circunstancias familiares”. 

Durante la jornada en la ciudad de las diagonales, no se podía negar la cantidad de pibis menores a 15 años, e incluso el rol de las maternidades que andaban en tribu. “Estoy muy emocionada viendo a las jóvenes, es impresionante”, dice Dora con los ojos empañados. “Vamos a cambiar el mundo”, aseguró emocionada.

Lara tiene 21 años, fue organizada desde Córdoba con “Pueblo Peronista” y es su primer Encuentro. Como todas, antes de llegar, tenía sus expectativas: “Esperamos aprender y volver con alguna agenda para los territorios que laburamos, porque en la militancia es fundamental que haya un espacio feminista, ya que la lógica de hacer política es bien desde el poder y varonil”. Su compañera Aldana, también de 21 años, asiente con la cabeza mientras la escucha y agrega que “es re importante tener una idea del feminismo bien interseccional, no solamente somos mujeres, somos de clase baja, somos de pueblos originarios”.

Cerca de la Plaza San Martín, epicentro de muchísimas de las actividades, en un bar, unas señoras charlan con una joven mientras esperan su pedido. “No es la primera vez que venimos al encuentro, y con los años es increíble ver cómo va aumentando la cantidad de mujeres en los encuentros”. La piba las mira atentas, sabe que se viene un debate: El cambio de nombre. “Las disidencias tienen desde siempre sus talleres, y si cambiaran el nombre sería el primer Encuentro y se perdería el significado por el cual fue creado”, se le escucha decir enfáticamente a una de las señoras. La piba no se enoja, pero no se mueve de su postura. Se acerca hacia ellas y queda inaudible lo discutido en las mesas.

En el cierre del Encuentro, antes que se vote la sede de San Luis 2020, una señora mira expectante. Está con la bandera Plurinacional: “Tengo 80 años y es la primera vez que vengo, pero luché siempre”.

Algunas líneas del budismo sostienen que las generaciones que transitan su existencia en la actualidad, pueden sanar a las anteriores. En 34 años pasaron cientos de miles de lesbianas, bisexual, travestis, trans, intersex y no binarie. ¿Cuántas tatarabuelas, abueles, tíes, bisabueles, estarán sanando en este preciso momento?

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