Octubre rosa y la resistencia a la primavera fascista

| Por Clara Noceti* | Fotos: Mídia Ninja |

Como cada octubre que comienza, las tripas se revuelven cuando todo se tiñe de rosa. Este octubre, algo lejos de Buenos Aires, estoy en un Brasil atravesado por el crecimiento del fascismo y las calles inundadas de cintas, colectivos y globos rosas por la campaña de prevención del cáncer de mama. Una campaña que cada vez tiene más incidencia en el mundo (como el fascismo, pienso) pero que en la ciudad en la que me encuentro, resulta particularmente apabullante.

La supuesta prevención que estimula es construida desde una lógica de control , desinformación y culpabilización individual de la enfermedad. Pregona el autoexamen mamario y la mamografía casi a cualquier edad: si no te la hiciste y te morís de un cáncer, seguro fue tu culpa porque no te cuidaste.

¿Qué lógica sanitaria y de autocuidado se está construyendo? ¿Y qué tiene que ver esto con la cuarta ola feminista y el peligroso crecimiento del fascismo, cada vez más institucionalizado?

El cáncer de mama es un enfermedad prevalente. Los métodos poblacionales se utilizan, con el consentimiento de les usuaries, para rastrear enfermedades antes de que ellas presenten síntomas y con la perspectiva o intención de disminuir la mortalidad. Sin embargo, los métodos propuestos para el rastreo del cáncer de mama tienen algunos problemas y controversias en sus indicaciones. Tanto en la Argentina como en Brasil, la mamografía está recomendada para la búsqueda de la enfermedad en población sana y asintomática (sin antecedentes personales o familiares, sin nódulos palpables), a partir de los 50 años de forma bianual. Es necesario que 720 personas con genitalidad femenina se realicen una mamografía para encontrar un cáncer. Éste puede evolucionar de diferentes maneras, eso no lo sabemos. A 26 de las personas que se hicieron una mamografía se les realizará una biopsia innecesaria, con todo el sufrimiento y malestar que esto puede conllevar.

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¿Pero a quiénes les habla la campaña del lazo rosa? Por las calles de Salvador de Bahía aparecen afiches de mujeres, en su mayoría blancas, de clase media o alta, casi todas cercanas a los 30 años. Esta ciudad tiene una mayoría de población afrodescendiente y un 67% vive en favelas. En esa campaña, financiada por la secretaría municipal de Salud, se les habla a personas que pueden pagar la realización de estudios innecesarios. Para las personas con genitalidad femenina de 40 años, en las cuales el estudio no está indicado en población general, se deberán llevar a cabo 2100 mamografías para encontrar un cáncer. Se deberán hacer cerca de 75 biopsias innecesarias. Todo para “cuidarnos” , ¿cierto? En el medio, la población que de verdad necesita los servicios de salud, que precisa hacerse una mamografía para diagnóstico de enfermedad, todavía no puede acceder a ella.

¿Qué modelo preventivista estamos construyendo? ¿Aquel que sobrediagnostica, controla y construye una pedagogía del miedo para las clases que pueden acceder? ¿Qué representación de las corporalidades tortas, trans , disidentes , gordas tiene esa campaña? ¿Qué sujetxs a cuidar construye?

Hace unos días también, en la preocupación que significa que Bolsonaro gane la presidencia de este país, su hijo salió a decir que “las mujeres de derecha son más bonitas que las de izquierda”. A su vez Bolsonaro padre se define como orgullosamente homo-odiante. Atrás de todo eso, la perspectiva del #EleNao, el feminismo como movimiento que llegó para cambiarlo todo y que es de las pocas fuerzas de masas que aún en las calles resiste el avance del fascismo.

El viernes las calles de Salvador desbordaron de resistencia, porque no queremos un mundo sin nosotres. Porque no queremos lacitos rosas. No queremos quedarnos tranquiles y guardades prolijamente en nuestras casas: La construcción de nuestra práctica de autocuidado es profundamente contrahegemónica, desordenada, multicolor.

Queremos autonomía para decidir a qué intervenciones someternos y, que el mundo que quiere aplastar nuestras libertades, no lo haga por nosotres.

Queremos destruir ese modelo que la medicina higienista y persecutoria tiene sobre nuestras corporalidades que no entran en sus afiches.

Queremos tocarnos las tetas por placer y no por autoexamen, que sabemos que no sirve. Queremos poder decidir en base a evidencia laica y científica nuestras políticas de autocuidado y no para engordar los bolsillos de la industria. Queremos ocupar las calles, las plazas, las camas con todo este desborde que no entra en sus urnas.

En este Octubre Rosa seguimos diciendo #EleNao , #EleNunca. Las pedagogías del terror no pasarán.

*médica feminista argentina (actualmente realizando residencia en Brasil).

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