Son las pibas las protagonistas de esta película

| Por Mujeres Audiovisuales @MUAargentina  | Escribe Lucía García Itzigsohn  | Foto Romina DS Martinez |

El fuego verde de la madrugada histórica resplandece en los pañuelos que las pibas llevan en sus mochilas como bandera. Se transformó en estas horas en expectativa hacia la próxima estación del debate, el Senado. Lo hicimos. El jueves 14 de junio a las 9:51, se votó en el recinto de la Cámara de Diputadas y Diputados el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo con 129 votos a favor y 125 en contra. Y un segundo después esa información se reprodujo en las pantallas de los alrededores del Congreso y las cientos de miles de pibas, mujeres, tortas, trans, travestis, varones, bisexuales, cis, y las múltiples identidades que los feminismos populares albergan estallaron en un solo grito, que fue una ola de euforia, de llantos, risas, abrazos, todavía no abandona nuestros cuerpos.

El aborto legal, seguro y gratuito tiene media sanción. Respiramos hondo. Es apenas una ley. Pero es mucho más que una ley.

La palabra de la ley es performativa. Y como nos enseñó Judith Butler lo performativo hace, transforma, crea realidad. ¿Y qué es lo que hace, transforma, crea esta ley? ¿Va a haber más abortos? ¿Van a venir contingentes de mujeres de países limítrofes? ¿No van a nacer más niñas ni niños? ¿Se va a despoblar la Patagonia?

“Cuando una perra tiene cachorritos, se regalan” nos alecciona una diputada. “Un marsupial lleva en su bolsa a la cría” ejemplifica un diputado. Las alegorías de animales nos reducen otra vez a seres con úteros. Nos desplazan del derecho, de la libertad, del discernimiento, de lo humano.

La legalización del aborto, el proyecto de ley, y sobre todo la discusión que instalaron las audiencias durante dos meses de exposiciones, con más de 700 personas argumentando, explicando, aportando datos, estadísticas, experiencias propias, de trabajo en salud, del deseo. Y del otro lado, los mitos, los temores, los castigos divinos, el oscurantismo, la imposición. En esta trama discursiva por momentos emergían mujeres reales, personas gestantes decidiendo sobre sus cuerpos, a veces con dolor, otras con alivio, sujetas plenas, soberanas de sus cuerpos, estrategas de sus vidas, diseñadoras de su futuro.

Historias que ocurren, ahora mismo, que las líneas de aborto con pastillas, las socorristas, las consejerías acompañan sin juzgar, a veces anónimamente en esas redes infinitas que los feminismos venimos tejiendo hace tanto.

“Saquen sus rosarios de nuestros ovarios y sus medallitas de nuestras conchitas” se escucha en las calles alrededor del Congreso en esa vigilia, al calor de múltiples fogatas, de quienes saben que hay que estar. Pibas, pibes, pibxs que aprendieron de las Madres de Plaza de Mayo que las peleas se hacen con el cuerpo. El calor colectivo empuja adentro del recinto cada voto. Están ahí para decirles a las diputadas y diputados que no es su conciencia, que son nuestras vidas. Y las escuchan.

Porque seamos claras, cuando discutimos el derecho a interrumpir un embarazo, discutimos todo lo que viene en el paquete. Discutimos la maternidad como mandato, como obligación, como eso que nos “completa”, como destino ineludible. Y discutimos ese lugar de cuidadoras exclusivas, de responsables únicas de lxs hijxs, en esa operación perversa de un mandato que se nos impone socialmente y que una vez cumplido se privatiza para ser el problema de cada una. Discutimos las ataduras que ese rol social nos impone como una telaraña en la que terminamos sosteniendo vínculos que no queremos. Discutimos los micromachismos, los machismos, los macromachismos y al mísmisimo patriarcado. El mundo entero.

Las escenas se superponen. Son las pibas tomando las calles, protagonistas de esta película. Las diputadas en el recinto responsabilizándose de ser representantes de una lucha colectiva. Las periodistas, cineastas, comunicadoras, nunca menos neutrales, contando este acontecimiento político inabarcable, buscando las imágenes y las palabras que dimensionen esta revolución feminista.

Generaciones de mujeres, lesbianas, travestis, trans se condensan en esas horas. Están presentes también las que no están. “Queremos que absolutamente todas, en todos los rincones del país, dispongan de este derecho, de la posibilidad de poder hacerse un aborto en cualquier hospital por libre decisión. No importa las excusas que esgriman: quienes se oponen no quieren la liberación de la mujer, quieren mantener ese control sobre su cuerpo, ése es su objetivo” decía Dora Coledesky. “Nuestra idea es luchar para desdramatizar el aborto” resuena la voz de Vero Marzano. Lohana Berkins y Diana Sacayan, travestis que abrieron los ojos del feminismo a las identidades más excluidas y se calzaron el pañuelo verde con la misma convicción que pelearon la Ley de Identidad de Género. La historia del movimiento feminista popular en Argentina se condensó en los alrededores del Congreso durante 22 horas y su impulso indetenible por fin atravesó las paredes y ocupó el lugar de las decisiones. Fue la noche en que logramos lo imposible.

El futuro ya es otro. Las niñas van a la escuela con el pañuelo atado, y saben que desde siempre que su cuerpo es de ellas. Las adolescentes, con sus caras con glitter, no piden permiso para decidir. Las más grandes saben que están cumpliendo una tarea histórica. Las que empezaron a soñar con este día pudieron vivir la felicidad de que sea realidad.

La sanción definitiva será en el Senado de la Nación. Ya celebramos. Nos emocionamos. Estallamos en carcajadas. Nos sentimos más libres. Ahora estamos listas para la próxima batalla.


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