Diana Sacayán, una vida enfrentando al odio

| Por Mayra Lucio | Foto de Florencia Guimaraes García | Collage de Flo Meije |

En octubre del 2015, la referente travesti Diana Sacayán fue asesinada a puñaladas por dos varones. Por trece puñaladas. Nos preguntamos una y otra vez por qué, como si acaso el odio pudiera explicarse. Pero sí, debe poder pensarse una causa: el odio es una emoción con historia. Como el amor, hay una historia social detrás de la emoción, de violencias y exclusiones que alimentan relaciones de poder, favoreciendo determinadas existencias por sobre otras. El racismo, la xenofobia, el machismo… Hay motivos sociales que despiertan o condicionan las formas de sentir, y aunque desconocemos qué fue lo que pasó con Diana, y aunque nos cueste creer que se puede explicar una mano clavando un cuerpo, y aunque sea más fácil intentar olvidar todo lo que dolió, el odio tuvo su raíz hundida en la historia, la historia personal que también es historia colectiva. La mecha se prendió en el momento en un grupo de varones vio ese odio como posibilidad. “La manada” que viola y asesina mujeres como cita fúnebre de la masculinidad hegemónica, resuena por estos días y se nos viene como reflujo de una cita que ya conocemos. No sabemos por qué mataron a Diana, pero podemos intentar buscar parte de las respuestas en su identidad, en aquello que representaba para una sociedad todavía hostil frente a las existencias transgénero.    

Travesti y sudaca, su vida

En un estado de pobreza difícil de llevar, su familia había migrado de la provincia de Tucumán al AMBA. Era tucumana de nacimiento pero su lugar afectivo, político e identitario era matancero: se puso al hombro la lucha barrial en su territorio de Laferrere en plena crisis económica y política del 2001. Formó parte del movimiento piquetero MTL (Movimiento Territorial de Liberación) en  un comedor para niñas y niños, Las hormiguitas y desde ahí su curriculum militante no paró de juntar hojas y calles. Comenzó a militar en el Partido Comunista, que le abriría las puertas en una clara dirección política de luchar por los derechos de las personas travestis-trans y los DDHH en general. También, se involucró en la Asociación Boliviana de Laferrere y fue parte del frente que reclamaba de viviendas dignas para el asentamiento del CEAMSE.

A eso de los 14 años se vio expulsada de la escuela. Justo cuando comenzó a expresar su identidad de género y esta institución dejó de ser un refugio para ser reproductora de la discriminación, fatalidad que aún no se revierte. La recibiría la calle y su desamparo, donde el primer consejo era siliconarse el cuerpo para ir a prostituirte, según su relato. La prostitución es el recurso de supervivencia para las travestis y la aplicación de silicona industrial la segunda causa de muerte, según el informe que la propia comunidad se encargó de elaborar: La gesta del nombre propio, realizado por la organización encabezada por Lohana Berkins, ALITT (Asociación de Lucha por la Identidad Travesti Transexual). Este dato no es menor, ya que colectivamente organizadas, las travestis organizadas produjeron un conocimiento hasta ahora negado sobre sí mismas y la sociedad que les daba la espalda.

La represión policial fue una violencia constante vivida por ella y por todas sus compañeras en prostitución que sufrían el acoso al no estar bajo el ala proxeneta. Se resistían a las extorsiones que estas redes criminales ejercían a través del brazo armado del Estado y por ello la persecución, los palos y el calabozo eran moneda corriente. Ante esta realidad, en el año 2002, Diana Sacayán funda el MAL (Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación) junto a otras travestis organizadas. Por eso, cuando Diana cae presa varios meses en el año 2003, sus compañeras, amigas y familiares estuvieron al pie del cañón denunciando su carácter político y pidiendo por su libertad.

De la comunidad al colectivo

“Nosotras dejamos de ser una comunidad para convertirnos en un colectivo y nos convertimos en un colectivo a partir de que empezamos a reconocer que nosotras mismas éramos sujetas que vivíamos en extrema opresión y empezamos a hacer una mirada crítica de esa realidad y a partir de esa mirada, empezar a transformarla”

Diana estaba orgullosa de ocupar espacios políticos de representación de compañeras travestis que como ella, estaban marcadas por la discriminación. Trabajó en el Área de Diversidad Sexual del INADI, articuló con la APDH, fue candidata a Defensora del Pueblo de La Matanza y representó a las Naciones Unidas, al liderar la representación travesti-trans en la ILGA (Asociación Internacional de Gays y Lesbianas). Su compromiso político había madurado a partir de conocer a las Madres de Plaza de Mayo y el paso por su facultad.

Al entramar su búsqueda y amistad junto a las grandes luchadoras travestis, como Lohana Berkins y Marlene Wayar, Diana adoptó una perspectiva feminista. Gran parte de su feminismo se manifestaba al dar el debate sobre prostitución, buscando sensibilizar acerca de los daños que produce, situación por la que le tocó pasar gran parte de su vida. Contaba que la prostitución le había dejado marcas, no solo de las simbólicas sino de las otras, su cuerpo estaba lleno de cicatrices que había aprendido a maquillar. También, habitaba distintos espacios del feminismo autónomo y lgbtiq, la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y gratuito y el FAN, Frente Abolicionista Nacional. Así fue que la conocí, como lúcida referente. Cuando entró a trabajar en mismo lugar que trabajaba yo, me resultaba inquietante encontrarla por los pasillos, me despertaba atracción, admiración mezclada con extrañeza. Me encantaba su ironía, su pelo negro, y su voz suave de seducción permanente. Tanto ella como Lohana me transmitían un feminismo travesti, tan cercano y a la vez tan ajeno al transfeminismo queer que se vendría a instalar fuertemente con los años por venir.

En sus contrastantes recorridos de lucha, Diana era una de las más claras referentes del “la contra marcha” del Orgullo, una marcha que era parte de la oficial sin serlo, ya que sus consignas siempre apuntaron a interpelar el carácter neoliberal y burgués de las consignas oficiales. Junto a Lohana y otras compañeras sueltas, marchábamos las feministas autoconvocadas con un pequeño camión verde latoso, bastante aguafiestas. La recuerdo a Diana cantando a grito pelado con el megáfono. No puedo dejar de decir que en estos últimos dos años, la Marcha del Orgullo no hizo homenaje a Lohana ni pedido de justicia para Diana, triste en su lógica de omisiones.  

Conquistas, derechos y alegrías

En el año 2010 pasa a formar parte del Frente por la Ley de Identidad de Género, que nucleaba a organizaciones y activistas independientes que pujaban por el reconocimiento legal de la existencia trans y su garantía derechos. Era fundamental que el Estado pudiese reconocer a esta población como sujetos de derecho, lo que implicaría su despatologización, descriminalización y desestigmatización, obligando al Estado a resarcirse por su violencia sistemática. No se trataba de un derecho civil más, se trataba de dar lugar a vidas reales, a garantizar sus derechos humanos básicos. Con este espíritu y fuerza material se logra promulgar la Ley de Identidad de Género, N° 26.743 en el año 2012. En el escenario frente al Congreso, Diana diría “Esta conquista es para aquellas personas que fueron detenidas ilegalmente o perseguidas y que tuvieron que pasar horas y días y años en los calabozos por la persecución que el Estado ejercía contra nuestra comunidad por el solo hecho de ser quién éramos. Hoy este parlamento vino a restituir esos derechos que ha vulnerado, por eso esta felicidad, por eso estas lágrimas compañeras, porque este es un triunfo de la lucha, de la resistencia!”, todavía se me eriza la piel al recordar la alegría del momento, de derecho y cultura conquistados.

Otra conquista en materia de restitución de derechos por el que luchó Diana desde el M.A.L. fue la Ley de Cupo Laboral Travesti-Trans para la provincia de Buenos Aires. Esta política pública cumple con los protocolos internacionales abolicionistas al asegurar oportunidades de empleo a personas en situación de prostitución a causa de la vulneración de derechos y de discriminación previa por ser travestis o trans. La ley aseguraría el acceso al trabajo formal para esta población, buscando eliminar toda barrera discriminatoria (aún no está reglamentada).

Furia Sacayán, Diana corazón

Era intempestiva. Dicen las malas lenguas de sus amigas que Diana podía dar vuelta un patrullero ella sola, cual superheroína. En el año 2014, cuando por quinta vez el Proyecto de Ley de Interrupción Legal del Embarazo llegaba a una comisión del Congreso para luego perder vigencia, muchas estábamos allí congregadas cortando Rivadavia y Riobamba -alegres aunque menos esperanzadas que ahora. Los “pro-vida”  antiabortistas estaban frente nuestro, de una forma más provocadora que la que están por estos tiempos, nos decían cosas, nos pecheaban, nos escupían…y la policía también estaba, para defender “el orden”, defenderlos. En esa ocasión Diana, arrebatada como era, se puso frente a la línea helada de uniformados para gritarles el aborto legal en la cara. Ese instante de furia Sacayán fue capturado por una fotógrafa travesti que en ese momento arrimaba sus primeros pasos de militante, Florencia Guimaraes García. Esa foto luego se volvió leyenda, emblema visual de la lucha trava antirrepresiva.  

A Diana la esperaba Lohana en el Encuentro Nacional de Mujeres de Mar del Plata, octubre de 2015, para marchar con una bandera fucsia de “travestis abolicionistas” por la implementación del cupo laboral, pero nunca llegó. La habían asesinado con 13 puñaladas transodiantes. Una a una, todavía duelen al recordar la amargura de su rostro cuando la despedimos en la Asociación Boliviana de Laferrere, espacio que se ofreció al abrazo colectivo. No puedo dejar de repasar lo que fue despedirla por horas, con pétalos de flores y con una Lohana, flaca y triste como estaba, dándonos órdenes en pleno funeral sobre qué cantar y por dónde caminar con una bandera del orgullo kilométrica.  

Justicia para Diana, reparación colectiva

Diana pasó por este mundo siendo muchas. Muchas batallas libradas por ella, muchas resistencias y rebeldías. Era travesti y esa característica constitutiva cobró relieve y sostuvo cada desafío. Parte de no entender el odio, es esta valoración inversa de una condición humana. Pero el odio existe, y existe más en la medida en que las violencias quedan impunes en el silencio y la complicidad, sosteniendo por ejemplo, un promedio de vida de 35 años.

Llegamos al juicio, con pruebas claras para condenar a uno de los dos sospechosos, David Marino. Asesino. Por tratarse de una referente política internacional para la comunidad lgtbiq feminista y de ddhh, el pedido de justicia por Diana se vuelve una necesidad política, además de personal. Necesitamos que se haga justicia, que la justicia interprete, esta vez, los hechos de nuestro lado: fue un travesticidio. “Travestidicio”, porque las tipificaciones de delito existentes no alcanzan para describir el odio específico que se direcciona sistemáticamente contra los cuerpos y vidas travestis. Ese fue el pedido de Lohana, que junto a la Comisión de Amigxs y Familiares de Diana, se organizaron para llegar a este juicio con el cuerpo entero para dar batalla. La condena para el único imputado, debería reconocerse como: travesticidio en tanto “crímen de odio por identidad de género”, “femicidio” por tratarse de violencia de género, “alevosía”, dado que la violencia fue sorpresiva y eso redujo la capacidad de defensa de la víctima, y “robo”.

En este tiempo, la Comisión de Justicia por Diana Sacayán ha convocado a acompañar el juicio de la manera más amorosa y guerrera que un movimiento sabe hacerlo, con radio abierta, cantos, palabras, cumbia, copeteo, lágrimas y poemas. Hasta ahora, se han sucedido seis audiencias donde han declarado los testigos, pronto vendrán los alegatos y la sentencia. Para ese último día, especialmente, esperamos multiplicarnos en más cuerpos y más banderas que se hagan presentes, para recibir lo que será una respuesta histórica. Necesitamos que se haga justicia, por Diana, por todas sus rebeldías y por todas las Dianas habidas y por venir, porque un mundo lleno de Dianas Sacayanas es aquél en el que queremos vivir.

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