¿Quién es la única pastora pentecostal que quiere el aborto legal?

| Por Lucía Ríos @soylurri  | Fotos Teresa MirEvelyn Delgado |

En 2004 a Gabriela Guerreros la ordenan para ser pastora en la que ese entonces era su organización. Sus primeras experiencias nacen en el conurbano, en La Matanza. Su papá era pastor y ella, al dedicarse a la teología, por curiosidad, entendió y sintió que tenía “una vocación”. Habla de marxismo y religión sin contradicciones y lee los libros sagrados desde una visión feminista.

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¿Por qué ser pentecostal?

La pastora pasea entre fotos del Che, de las Madres de Plaza de Mayo y de Pepa Gaitán. No es para nada habitual esta diapositiva: “Somos parte del protestantismo, que son las comunidades que nacen en los sectores más vulnerables. Cuando se produce la reforma protestante hay una aburguesamiento de las comunidades de ese momento y el pentecostalismo nace como signo contestatario que da las primeras respuestas en ese momento”, asegura Gabriela con una voz muy suavecita y sin dudar un milímetro lo que está diciendo. En su casa también hay imágenes de Marx y del Padre Mugica: “Es un orgullo ser pentecostal en estos tiempos, donde reivindico este carácter contestatario y liberador que no vemos muy común en las sociedades, ya que hay un neo pentecostal que alimenta la espiritualidad de mercado del neoliberalismo que a diario vivimos”.

Escucharla es quedarse con la boca abierta. Claro, es la única pastora pentecostal que hace esta lectura de la coyuntura y que tiene esa postura frente a la fe y lo que pregona el cristianismo. Hoy expondrá siete minutos en el Congreso: “Ojalá entre todo”, ríe.

En las comunidades religiosas la mayoría son mujeres y en las comunidades pentecostales Gabriela afirma que son el “90%”. En 2013 un grupo de pastores sacó un escrito a favor de la despenalización del aborto que incluía la firma de Guerreros. Allí, al contrario de los prejuicios del imaginario, no se encontraron con negativas por parte de la comunidad. Quienes se abstuvieron, “lo hicieron de manera responsable, para poder acceder a la información y hacer una síntesis desde una cuestión teológica, cultural y política”, continúa Gabriela. De a poco fueron instalando el debate y la reflexión. Este ejercicio los llevó a encontrarse con otras organizaciones que no compartían las cuestiones de la fe, pero que sí tenían las mismas iniciativas y proyectos.

Las travas también rezan

28238512_734979230041235_8530395640543761071_o.jpgGuerreros reconoce al mundo como “jerárquico y patriarcal”, con una lógica sostenida por la parte reaccionaria de la iglesia, que es casi absoluta, e instrumentada con ciertas herramientas. La pastora advierte cuáles: “Ellos llevan adelante lo que nosotros llamamos teologías de la muerte porque especialmente a las mujeres nos pone en el rol de sumisas, del consorte, y hacen mal las interpretaciones de las lecturas bíblicas. Estos sectores conservadores del cristianismo necesitan reforzar eso y seguir manteniendo las jerarquías del mundo, donde las mujeres tienen dos destinos solamente: ser el consorte o ser las bendecidas de la procreación”. Y remata: “Desde la teología feminista entendemos que el rol de las mujeres es otro”.

Hay otro cuestionamiento más silencioso, y no por eso menos importante. Si bien la vestimenta de una pastora es la misma de cualquiera, es un espacio también a tomar: “La camisa, el cuello clerical y la estola las usamos porque entendemos que también disputamos poder con lo simbólico. Eso no les es dado a los varones. Disputo esa igualdad porque esos símbolos también son míos, de mis compañeras y de las disidencias”, arremete Gabriela que está a punto de entrar a una reunión.

Las desigualdades son terrenos conocidos para ella, que conoció a Lohana Berkins, que se abrazaron y que se encontraron en la calle luchando por el matrimonio igualitario en 2010 y por el aborto, en 2011. En una entrevista al suplemento SOY de Página 12, Guerreros describe: “Lohana fue la primera travesti que me habló desde su perspectiva de género. Fuimos intercambiando nuestras miradas de la fe. Para muchas travas, la espiritualidad es una práctica trascendente. Para ella era un ámbito de vida importante y luchaba por tener acceso a la práctica de la fe”.

Abortá al sistema

Gabriela sabe que el sistema y la realidad no quieren que las mujeres y las travas sean protagonistas de su historia, y dentro del debate que se está dando en el Congreso también sabe que uno de los ejes, es que las personas gestantes no puedan decidir sobre su cuerpo. Ella le da una vuelta de rosca a tener muy en cuenta: “Desde una mirada marxista nosotras somos las que traemos al obrero, entonces ojalá simplemente fuera una cuestión religiosa y la fe se pusiera en debate, pero se ponen en debate los dogmas y son las jerarquías quienes salen a asimilar y hacer eco y multiplicar esta sociedad en la que nos encontramos. Fundamentalmente es seguir promoviendo las desigualdades de géneros”.

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Ella pone el cuerpo igual que su comunidad, Dimensión de Fe. Están empezando a ser visibilizados y visibilizadas y eso es un proceso hacia adentro que transitan, y que no quita su postura fuerte con respecto al proyecto de ley que presentó la Campaña Nacional por el derecho al aborto seguro, libre y gratuito: “Para nosotros es un compromiso desde nuestra práctica pastoral y cristiana que sea tratado y se apruebe ese proyecto, las pentecostales también abortamos”.

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