Somo losotra

| Por Lucía Ríos | Foto: Rocío Curia |

Si las mujeres a lo largo de la historia han estado invisibilizadas dentro del lenguaje, la comunidad travesti trans se enfrenta a una lucha que “recién empieza”. ¿El lenguaje es capaz de modificar la cultura y, por ende, erradicar la discriminación? ¿Se pueden romper estructuras de cientos de años? ¿Importa el lenguaje o es una discusión snob?

Desde lo simbólico hasta lo concreto y cotidiano, las travestis y las trans parecieran estar tapadas con una tela bien gruesa y pesada de hipocresía. La sociedad las consume en los lugares más marginales pero después, a la luz del día, cuando les pasan por al lado o piden laburo en algún negocio, las estigmatizan, ignoran y violentan. Hoy el paradigma está cambiando.

“La construcción del lenguaje es una de las grandes luchas sociales en su dimensión simbólica”, afirma Mariana Álvarez, docente e investigadora del Idaes – Unsam. Con su tesis de doctorado sobre comunidad trans, travestis, transexuales y masculinidades trans recién presentada, la futura doctora subraya que esa pelea “hay que darla porque tiene el poder de hacer estallar lo que estamos viendo, aquello de lo que estamos seguros y poner en cuestión las percepciones visuales y crear realidad”.

La Real Academia Española, por otro lado, expone que el lenguaje es un “conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente”. El hombre es quien manifiesta. No la mujer, ni las travestis, ni las o los trans. Vaya simbolismo.

@, x, e, *, /

En los últimos años, distintos espacios militantes empezaron a proponer variadas opciones para nombrar inclusivamente. Sin ir más lejos, hace unos años, la ex presidenta Cristina Fernández comenzaba sus discursos con un “todos y todas”, lo que provocó risas y chicanas en ámbitos cercanos. Era la primera vez que en la Argentina se instalaba algo así. En la actualidad, el “todas” está enterrado y el macrismo tiene una tendencia a seguir en ese camino, el de la invisibilización.

Myriam Pelazas, profesora del área de estudio de género en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA e integrante del Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión, relata: “Tuvimos una discusión sobre cómo empezar a escribir. Primero, fue el barrado y, después, la X”. “El INADI, desde la gestión macrista, no se hace problema en seguir escribiendo en masculino”, señala.

¿Pero qué tanto importa esto? La agresión sufrida por el colectivo de personas travestis y trans es muy fuerte. Lara María Bertolini, activista travesti argentina y “miembre” de La Colectiva Lohana Berkins, Abosex y Cooperativa las Bases, rompe el esquema y exhorta a ir más allá. Como la lengua sola no alcanza y, antes, hay cuestiones urgentes, postula: “Tenemos que instruir en las escuelas que hay diversidades de género, sexuales, de elección, de las diferencias entre sexualidad y la corporalidad, el trascender y ser atravesado por el género. Debemos extender a la comunidad, darle la comunicación y darle conocimiento de las diversidades, más allá del trato social en cuanto al lenguaje. Porque puede haber un lenguaje correcto pero no un trato correcto hacia las personas y a las diversidades de género”.

¡Vamos a morir!

En 2013, Pedro Robledo fue golpeado por ser gay y, en aquel momento, CFK lo recibió en su despacho. Hoy es subsecretario Nacional de Juventud y, desde esa repartición, lanzó una guía joven. Está escrita en lenguaje masculino, aunque se filtran algunos “todos y todas”, pero lo que más llamó la atención de Pelazas fue que allí se le habla al “joven argentino”. “Esa frase es la que invita a hacer el servicio militar y tiene mucho tufillo a dictadura”, alerta. Luego de que para el 24 de marzo apareciera la foto de los diputados de Cambiemos con la inscripción “Nunca más a la interrupción del orden democrático”, pareciera estar todo en sintonía.

Más allá de los textos en masculino, el contexto sigue siendo más que relevante y acá juegan fuerte los medios de comunicación. ¿Por qué las mujeres tienen que sobreentender que, cuando se habla en masculino, en realidad también se las interpela? Pelazas clava su mirada en el grabador como para que quede marcado con resaltador: “Es peligroso que una mujer haga ese sobreentendido porque ahí ya nos vamos del lenguaje a una práctica: ‘Se sobreentiende que quería, por eso está en el auto’. Entonces hay, en relación a las mujeres, un montón de sobreentendidos. En el lenguaje, sobre todo en el escrito y en el institucional, uno debería tener la obligación, como ética moral o crítica, de preocuparse más por estas cosas e incluir lo mejor posible”.

¿Sabe usted qué carajo es el binarismo?

Según la RAE, lo femenino es: “Dicho de un ser: Dotado de órganos para ser fecundado”. ¡Plop! Por otro lado, lo universal siempre estuvo asociado con lo masculino, en las ciencias, en la Justicia, la educación. Basta abrir la Constitución Nacional y leer: “Todos los habitantes…”.

Según Álvarez, el lenguaje es “performativo y, al mismo tiempo que nombra y clasifica, también va creando y construyendo realidad”. “Por eso, la importancia de escuchar cómo se nombran ellos y ellas”, remarca refiriéndose al colectivo de personas trans y travestis. Con su voz dulce y poderosa, precisa: “Cuando alguien le dice al otro: ‘Vos no sos mujer porque tenés pito’, esa persona le está disputando un lugar en el mundo, le está negando su derecho a posicionarse como mujer, a ingresar al campo de femineidades”.

Entonces ¿qué es lo femenino y qué es lo masculino?

Lohana Berkins, quien fue la primera travesti en tener un empleo público y fue la gran impulsora de la Ley de Identidad de Género aprobada en 2012, decía: “El mismo cuerpo de la trava es un paradigma y cuestiona a la sociedad en todos sus ámbitos”. Las raíces de todas las esferas sociales están construidas desde lo binario. Hombre y mujer. Nada que se escape por esos recovecos. Sin embargo, las diversidades de género son muchas y deben ser interpretadas. Para que estos nuevos actores sociales sean parte, “hay que romper todas las estructuras sociales y reacomodarlas”, enfatiza Lara desde un audio de Whatsapp, y vaticina: “El cambio es tan profundo y tan fuerte, que además de que haya gente que no lo pueda aceptar, van a haber acciones físicas y concretas directas de agresión y acciones políticas de desconocimiento e invisibilización”.

Berkins le contó a Álvarez que, en el marco de la crisis del 2001, cuando las travestis salieron con las cacerolas a marchar con lxs vecinxs hasta la plaza de Mayo el 19 y 20 de diciembre, fue cuando mejor miradas se sintieron. “Porque íbamos con la cacerola y fue la primera vez que nosotras, travestis, sentimos que nadie nos miraba por ser travestis en la calle”, repone la investigadora, y concluye: la mejor visibilización que ellas pueden tener, es que nosotrxs no demos vuelta la cabeza para mirarlas.

Son tiempos de incomodidad gramatical, pero sólo así el pueble salvará al pueble.


Cortesía de Revista Kamchatka


Lucía Ríos
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Rocío Curia
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